¿Honestidad o cifras maquillas? Segundo Informe de Sheinbaum presume resultados en homicidios, pero las desapariciones cuentan otra historia
Los periódicos que comienzan a circular con motivo del Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum presumen “honestidad y resultados”, pero detrás de los mensajes triunfalistas hay una realidad que resulta mucho más incómoda: mientras el Gobierno federal presume una reducción histórica de los homicidios, la crisis de personas desaparecidas sigue creciendo.
Una de las principales banderas de la administración de Sheinbaum es la reducción de los homicidios dolosos. El Gobierno federal asegura que el promedio diario pasó de 86.9 homicidios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026, lo que representa una reducción del 51 por ciento.
Pero aquí aparece la otra cara de la moneda.
¿Qué ocurre con las personas que desaparecen?
De acuerdo con cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, entre el 1 de octubre de 2024 y el 31 de marzo de 2026 fueron reportadas 50,026 personas como desaparecidas, un promedio de aproximadamente 91 personas al día.
Es decir, mientras el Gobierno presume que hay menos homicidios, existe otro indicador de violencia que resulta imposible ignorar: decenas de familias siguen buscando todos los días a un ser querido que desapareció.
Y no se trata de un dato menor. En marzo de 2026, la propia presidenta Claudia Sheinbaum presentó una actualización del Registro Nacional y reconoció que, de los casos registrados desde 2006, 130,178 personas continuaban con estatus de desaparecidas o no localizadas.
El Gobierno tiene derecho a presumir los indicadores que han mejorado, pero la pregunta es inevitable:
¿Por qué venderle a los mexicanos una fotografía de la seguridad en la que solamente aparecen los homicidios y no la crisis de desapariciones?
Porque una persona que deja de aparecer en las estadísticas de homicidio no necesariamente significa que la violencia haya desaparecido.
Puede significar que el problema cambió de rostro.
Las cifras de homicidio son importantes y deben reconocerse cuando disminuyen. Pero también lo son las desapariciones, las familias que buscan, las investigaciones que no avanzan y las personas cuyo paradero continúa siendo desconocido.
Por eso, hablar de “honestidad y resultados” sin poner sobre la mesa todos los indicadores relevantes de seguridad puede terminar convirtiéndose en un ejercicio de propaganda más que de rendición de cuentas.
El propio Gobierno federal presume que los homicidios han alcanzado sus niveles más bajos de los últimos años.
Pero la pregunta que queda en el aire es mucho más incómoda:
Si la seguridad está mejorando de manera tan contundente, ¿por qué las desapariciones continúan siendo una crisis de semejante magnitud?
Los mexicanos merecen conocer la película completa, no solamente la parte que favorece al Gobierno.
Porque maquillar una cifra no hace desaparecer una tragedia.
Y detrás de cada número hay una familia que sigue esperando respuestas.








