Mientras miles de familias en México siguen buscando a sus desaparecidos entre fosas clandestinas, terrenos abandonados y morgues saturadas, la presidenta Claudia Sheinbaum vuelve a estar en el centro de la polémica por las prioridades de su gobierno.
Y es que mientras colectivos de madres buscadoras han denunciado durante meses la falta de atención, indiferencia y puertas cerradas por parte del gobierno federal, recientemente sí hubo tiempo, espacio y reflectores para recibir a una popular banda coreana, generando indignación en redes sociales y entre víctimas de la violencia.
La comparación ha encendido el enojo ciudadano: madres que llevan años buscando a sus hijos desaparecidos no han logrado obtener una reunión digna con la presidenta, pero artistas internacionales sí recibieron atención inmediata, fotografías, difusión y trato preferencial.
Para miles de mexicanos, la imagen resulta devastadora y refleja lo que consideran el verdadero rostro de la llamada “transformación”: un gobierno más preocupado por el espectáculo, la imagen pública y las tendencias virales que por atender una de las peores tragedias humanitarias del país.
México vive una crisis histórica de desapariciones. Colectivos de búsqueda han tenido que hacer el trabajo que le corresponde al Estado: buscar restos humanos, excavar terrenos, investigar pistas y enfrentar amenazas del crimen organizado, muchas veces sin apoyo oficial y en completo abandono.
Las madres buscadoras se han convertido en símbolo de resistencia nacional, pero también en evidencia del fracaso institucional. Muchas han denunciado que son ignoradas, minimizadas o utilizadas políticamente cuando conviene.
Ahora, la controversia vuelve a golpear a Claudia Sheinbaum, pues usuarios en redes sociales cuestionan cómo es posible que exista disposición para encuentros mediáticos con celebridades extranjeras, mientras mujeres que buscan a sus hijos desaparecidos siguen esperando respuestas.
Las críticas no tardaron en explotar. Para muchos ciudadanos, el mensaje es claro: en el México de Morena hay tiempo para el entretenimiento, pero no para el dolor de miles de familias rotas por la violencia.
La polémica crece y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para el gobierno federal: ¿Qué es realmente prioridad para la presidencia de México?








