Mientras Morena asegura que en México no existe censura, los números pintan un panorama mucho más oscuro: cientos de periodistas fueron agredidos, varios fueron asesinados y organismos especializados advierten sobre el uso del poder público y los discursos de estigmatización contra quienes ejercen el periodismo.
México cerró 2025 con una cifra que debería encender todas las alarmas: 451 agresiones contra periodistas y medios de comunicación.
De acuerdo con el informe Estructuras del Silencio: censura, opacidad y vigilancia, elaborado por Artículo 19, el país continúa siendo uno de los lugares más peligrosos de América Latina para ejercer el periodismo. La organización documentó 451 agresiones durante 2025, equivalentes a aproximadamente una agresión cada 19 horas.
Pero el dato que más preocupa es quién aparece detrás de buena parte de estas agresiones.
Existen 153 casos relacionados con abuso del poder público, que representaron 33.92% del total bajo su metodología.
Además, se identificó 138 agresiones atribuidas directamente a funcionarios públicos, convirtiéndolos en el principal grupo de perpetradores identificado en el informe.
Y mientras la violencia contra la prensa no da tregua, los periodistas también están siendo asesinados.
Artículo 19 documentó siete periodistas asesinados en 2025 en posible relación con su labor, además de una desaparición y ocho intentos de asesinato.
Por su parte, Reporteros Sin Fronteras contabilizó nueve periodistas asesinados, por lo que distintas organizaciones coinciden en que 2025 fue uno de los años más letales de los últimos tiempos para la prensa mexicana.
Pero existe otro mecanismo mucho más silencioso: señalar, estigmatizar y convertir al periodista incómodo en enemigo público.
El propio informe de Artículo 19 documentó 65 casos de estigmatización, de los cuales 39 —el 60%— provinieron de autoridades o partidos políticos.
La organización advierte que este tipo de discursos no son simples opiniones cuando ocurren dentro de un contexto de violencia e impunidad, pues pueden contribuir a generar condiciones que habiliten nuevas agresiones.
Y aquí aparece una contradicción que resulta imposible ignorar.
Desde Morena y desde distintos espacios del Gobierno se insiste en que en México no existe censura.
Sin embargo, cuando periodistas cuestionan al poder, exhiben irregularidades o publican información que incomoda a funcionarios, la respuesta muchas veces deja de ser el debate y pasa al señalamiento público, la descalificación o la estigmatización.
La llamada mañanera tampoco ha escapado a esta discusión: desde Palacio Nacional se han producido confrontaciones públicas con periodistas y medios, en un ambiente donde el discurso oficial puede tener consecuencias mucho mayores para quienes trabajan en zonas donde ya existen amenazas, violencia e impunidad.
Porque una cosa es responder a una crítica y otra muy distinta es colocar a un periodista bajo el reflector del poder en un país donde informar puede costar la vida.
Los números son contundentes: 451 agresiones, cientos de amenazas y ataques, decenas de casos relacionados con el abuso del poder público y hasta nueve periodistas asesinados, dependiendo de la metodología utilizada.
Así que la pregunta queda en el aire:
Si no hay censura, ¿por qué tantos periodistas están siendo amenazados, atacados, estigmatizados y asesinados?
Y todavía más importante:
¿Qué sucede cuando quienes deberían garantizar la libertad de expresión terminan utilizando el poder para señalar a quienes ejercen el periodismo?
Porque en México, el problema ya no es solamente quién quiere callar a la prensa.
El verdadero peligro es que señalar al periodista pueda convertirse en el primer paso para silenciarlo.








