Morena y el dedazo disfrazado: el juego de poder rumbo a 2027
En política, las coincidencias rara vez son casualidad. Y lo que hoy se perfila dentro de Morena parece confirmar una vieja práctica que, aunque criticada durante años, ahora se recicla con nuevos rostros: el control del partido desde la cúpula.
La llegada de Ariadna Montiel como nueva dirigente nacional de Morena no es un simple relevo administrativo. Es, en realidad, un movimiento estratégico que redefine el tablero rumbo a las elecciones de 2027. Con atribuciones clave para influir —o directamente decidir— candidaturas, su papel será determinante en la configuración del poder político en varios estados.
Y aquí es donde comienzan las suspicacias.
En Chihuahua, el nombre de Cruz Pérez Cuéllar ha sonado con fuerza para la gubernatura. No es ningún secreto que mantiene una relación cercana con Montiel, lo que inevitablemente abre la puerta a cuestionamientos: ¿será el perfil más competitivo o simplemente el más cercano?
Porque en política, la línea entre confianza y favoritismo suele ser demasiado delgada.
El mismo patrón parece repetirse con Mayra Chávez, quien aspira a la alcaldía de Ciudad Juárez. Su cercanía con la nueva dirigente nacional de Morena también levanta cejas. ¿Estamos frente a una selección basada en proyectos sólidos o ante una red de lealtades personales que decide el futuro electoral?
En medio de este reacomodo, hay una figura que parece perder terreno: Andrea Chávez. Sus aspiraciones políticas, que hasta hace poco parecían bien posicionadas, hoy enfrentan un obstáculo difícil de ignorar.
Cuando quien dirige el partido no respalda tu proyecto, el camino se vuelve cuesta arriba… o prácticamente imposible.
Lo que estamos viendo no es solo una disputa interna, sino un mensaje claro: en Morena, el poder no solo se construye con popularidad o presencia mediática, sino con cercanía a quienes toman las decisiones.








