La crisis en la Dirección de Atención y Bienestar Animal (DABA) de Ciudad Juárez ya no es un hecho aislado… es el reflejo de decisiones equivocadas desde el poder.
El reciente caso del empleado despedido por maltratar a una perrita no solo desató indignación, sino que evidenció un problema mucho más profundo: la incapacidad operativa dentro de la dependencia encabezada por Alma Arredondo.
Aunque el DABA intentó contener el escándalo con un despido inmediato y discursos de “cero tolerancia”, la realidad es otra. Las denuncias ciudadanas sobre animales atacándose entre sí, falta de protocolos y condiciones deplorables en el albergue municipal dejan claro que el problema no es uno… son varios y vienen desde arriba.
Y es aquí donde la responsabilidad apunta directamente al presidente municipal, Cruz Pérez Cuéllar, porque más allá de la actuación de un empleado, la pregunta clave es: ¿Quién puso a una persona sin el perfil ni el conocimiento en bienestar animal al frente de una dependencia tan sensible?
Como si no fuera suficiente, el caso del hombre que perdió la vida tras ser brutalmente atacado por una jauría de perros evidenció aún más la inacción del DABA. La dependencia reaccionó únicamente después de la tragedia, confirmando lo que muchos ya denunciaban: no existe una estrategia real para el control de animales callejeros. Este hecho no solo expone la falta de trabajo preventivo, sino también la ausencia de una visión integral que priorice tanto el bienestar animal como la seguridad de los ciudadanos. La omisión es evidente: mientras los problemas crecen en las calles, la autoridad llega tarde… o simplemente no llega.
El nombramiento de Alma Arredondo hoy es severamente cuestionado por activistas y ciudadanos, quienes consideran que su llegada al cargo responde más a un favor político que a una verdadera intención de proteger a los animales.
La falta de experiencia y conocimiento en la materia se refleja en cada crisis, en cada denuncia y en cada intento fallido por justificar lo injustificable. Un área que debería ser ejemplo de cuidado y protección se ha convertido en foco de escándalos constantes.
Mientras tanto, desde la presidencia municipal no hay una postura firme ni acciones contundentes. El silencio y la inacción por parte de Cruz Pérez Cuellar, comienza a interpretarse como complicidad.
Hoy, el problema del DABA ya no solo es administrativo… es político.
La exigencia ciudadana crece: no basta con despedir empleados, se necesita asumir responsabilidades. Y eso incluye revisar —y posiblemente revertir— decisiones que nunca debieron tomarse.
Porque cuando los errores cuestan vidas, no hay espacio para improvisaciones ni compromisos políticos disfrazados de nombramientos.








