Mientras en las calles de México siguen los narcobloqueos, las balaceras y cifras de violencia que parecen no tener fin, el gobierno morenista decidió vendernos una imagen de “país feliz y seguro” basada en un concierto de Shakira en el Zócalo.
Ese mismo Zócalo donde el crimen organizado ha desafiado al Estado, donde hay colonias que viven con miedo permanente, se llenó de luces y música para convertirlo en una vitrina mediática que supuestamente “demuestra que México está bien”. (Spoiler: no lo está).
La presidenta Claudia Sheinbaum y sus voceros aprovecharon el evento para insistir en la narrativa de “normalidad” y dar la impresión de un país sin problemas. Pero hablando de inseguridad, el contraste no puede ser más brutal: por un lado, conciertos multitudinarios; por el otro, carreteras tomadas por criminales, cifras de homicidios que no bajan y estados enteros con alarmas de violencia.
Usar un concierto como prueba de que “México está bien” suena más a campaña mediática que a una realidad tangible. Porque mientras unos disfrutan de música en el Zócalo, miles de ciudadanos viven con miedo, con pérdidas por vandalismo, con bloqueos y con la sensación de que nadie está resolviendo los problemas reales de seguridad y gobernabilidad.
El mensaje oficial es bonitos escenarios, pero la vida fuera del escenario sigue siendo otra historia: una donde la seguridad es una promesa incumplida y la normalidad es solo un eslogan para la foto.








