Hay algo que empieza a quedar cada vez más claro en Morena: mientras desde el Gobierno federal se intenta proyectar una imagen de control, unidad y resultados, en las calles y en las estructuras políticas la realidad parece bastante más complicada.
Y Chihuahua es, quizá, uno de los mejores ejemplos.
En apenas unos días, tres historias distintas terminan conectándose en un mismo escenario: Cruz Pérez Cuéllar enfrenta un proceso de revocación de mandato en Ciudad Juárez, su disputa con Andrea Chávez por la candidatura de Morena rumbo a 2027 se calienta y, al mismo tiempo, el Gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta cuestionamientos sobre el contraste entre sus cifras de seguridad y la crisis de desapariciones.
Demasiadas señales de alerta para un partido que insiste en hablar de unidad.
Cruz: entre la revocación y el 2027
Primero apareció la amenaza más inmediata: la revocación de mandato.
El Instituto Estatal Electoral de Chihuahua dio luz verde al inicio del procedimiento contra el alcalde de Ciudad Juárez. Ahora los promoventes deberán conseguir 63 mil 123 respaldos válidos entre el 1 de septiembre y el 29 de noviembre para que el proceso pueda avanzar.
El número no es menor.
Más allá de si finalmente se llega o no a una consulta, el verdadero problema político para Cruz Pérez Cuéllar es que el proceso puede convertirse en una especie de referéndum anticipado sobre su administración.
Y eso ocurre precisamente cuando el alcalde tiene puesta la mirada en 2027.
Porque una cosa es llegar a una elección diciendo que se tiene el respaldo de los juarenses y otra muy distinta hacerlo mientras un grupo de ciudadanos intenta reunir decenas de miles de firmas para sacarte del cargo.
La pregunta inevitable es: ¿cuánto puede afectar políticamente una revocación a quien pretende convertirse en candidato a gobernador?
La respuesta dependerá de cuántas firmas logren reunir los ciudadanos, pero también de la capacidad de Cruz para convertir el proceso en una batalla política en lugar de permitir que se convierta en un juicio sobre su administración.
Y mientras tanto, la guerra por Chihuahua
Como si la revocación no fuera suficiente, dentro de Morena hay otra batalla.
Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar aparecen como los dos principales nombres en la disputa por encabezar el proyecto de Morena rumbo a la gubernatura de Chihuahua.
La dirigencia morenista todavía no define al coordinador estatal, mientras otros estados ya comenzaron a conocer a sus respectivos perfiles.
Y aquí está lo interesante: el problema de Morena en Chihuahua no parece estar solamente afuera del partido. Está adentro.
De un lado aparece el grupo relacionado políticamente con Adán Augusto López y que tendría como carta fuerte a Andrea Chávez.
Del otro, el grupo identificado con Ariadna Montiel y que tendría como apuesta a Cruz Pérez Cuéllar.
La pregunta que nadie parece querer responder es sencilla:
¿Qué va a pasar con el grupo que pierda?
Porque una encuesta puede arrojar un ganador, pero no necesariamente garantiza que todos los demás acepten el resultado con una sonrisa.
Y ahí está el verdadero riesgo para Morena.
La elección de 2027 todavía parece lejana, pero la guerra por la candidatura ya comenzó. Incluso el Partido Verde ha dejado abierta la posibilidad de competir por separado en determinados escenarios, mientras el PT ha mostrado respaldo hacia Andrea Chávez.
Así que aquello de que “la pelea es contra la oposición” comienza a sonar cada vez más como un discurso obligado.
En Chihuahua, Morena primero tendrá que ganar una batalla contra Morena.
Y arriba, las cifras tampoco ayudan
Mientras en Chihuahua el partido pelea por candidaturas y posiciones, desde Palacio Nacional se intenta vender otra narrativa: la de un gobierno que está dando resultados en seguridad.
El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum presume una reducción importante de los homicidios dolosos. De acuerdo con las cifras difundidas por el Gobierno federal, el promedio diario habría pasado de 86.9 homicidios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026, una reducción del 51 por ciento.
Pero hay otra cifra que resulta imposible ignorar.
Entre octubre de 2024 y marzo de 2026 se reportaron 50 mil 026 personas desaparecidas, equivalente a aproximadamente 91 personas por día, según los datos citados del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
Y ahí aparece el problema de cualquier gobierno que pretende contar únicamente la parte favorable de la historia.
Porque seguridad no puede reducirse solamente al número de homicidios.
Una persona desaparecida sigue siendo una tragedia. Una familia que lleva meses o años buscando a un ser querido no puede encontrar consuelo simplemente porque otra estadística haya mejorado.
El problema de Morena no es una sola cifra: es la percepción de control
Y aquí es donde las tres historias comienzan a conectarse.
Por un lado, el Gobierno federal presume resultados.
Por otro, Morena presume unidad.
Y en Chihuahua, mientras tanto, tenemos una revocación de mandato en marcha, dos grupos políticos enfrentados por la candidatura de 2027 y partidos aliados tomando posiciones distintas ante la disputa.
Entonces surge una pregunta incómoda:
¿Realmente Morena tiene todo bajo control o simplemente está tratando de que las grietas no se noten?
Cruz Pérez Cuéllar tiene frente a sí una prueba política importante. Primero tendrá que enfrentar la recolección de firmas de la revocación y, paralelamente, deberá mantener viva su aspiración rumbo a 2027.
Andrea Chávez, por su parte, tiene enfrente la oportunidad de convertirse en la carta fuerte de Morena para recuperar Chihuahua, pero también el enorme reto de convencer a los distintos grupos internos de cerrar filas si ella resulta favorecida.
Y mientras ellos se disputan Chihuahua, el Gobierno federal tendrá que seguir defendiendo su narrativa de resultados frente a cifras que muestran que la crisis de seguridad no desapareció; simplemente puede estar tomando diferentes formas.
Morena todavía tiene tiempo para corregir el rumbo.
Pero Chihuahua podría convertirse en una prueba brutal.
Porque si la revocación avanza, si la guerra entre los grupos se profundiza y si el partido llega dividido a 2027, la pregunta ya no será quién tiene más fuerza para ganar la gubernatura.
La pregunta será:
¿quién tendrá la capacidad de sobrevivir a la guerra interna sin terminar descarrilando al propio Morena?








