Mientras el gobierno intenta vender la idea de que Morena es ajeno al crimen organizado, resucitan fotos que prueban lo contrario: imágenes del polémico “El Limones” junto a Pedro Haces y otros líderes sindicales de la CATEM en Durango reaparecen en redes, dejando al descubierto la relación entre personajes ligados al poder y presuntos nexos con grupos delictivos.
No se trata de simples encuentros sociales o sindicales; son señales claras de cómo políticos y líderes —que hoy ocupan espacios de poder o cercanía con Morena— han estado involucrados con figuras relacionadas al crimen, incluyendo lavado de dinero, tráfico de influencias y protección política.
Mientras voceros oficiales se rasgan las vestiduras negando vínculos, las pruebas visuales contradicen su discurso de inocencia y separación del delito. ¿Negar hasta la evidencia fotográfica? Eso no disipa sospechas: las alimenta. El mensaje es brutal: si hay fotos y vínculos, el gobierno no solo conocía a estos personajes… probablemente los toleró e incluso los integró a su entramado político. La impunidad no solo es permitida; está simbolizada.








