Este lunes México amaneció con bloqueos en al menos 20 estados. Transportistas y agricultores cumplieron su amenaza: paro nacional indefinido. Carreteras bloqueadas, mercancías detenidas, abasto en riesgo. No es un capricho ni una ocurrencia. Es el resultado de meses de mesas de diálogo que no produjeron un solo acuerdo real.
Las demandas llevan tiempo sobre la mesa: seguridad permanente en carreteras contra robos, extorsiones y homicidios, eliminación de retenes que funcionan como puntos de cobro ilegal, precios de garantía para los productos del campo, financiamiento real para los productores y freno al encarecimiento del diésel y los fertilizantes. Nada de esto es nuevo. Todo lleva meses sin respuesta concreta.
La reacción del gobierno federal lo dice todo. La Secretaría de Gobernación salió a declarar que “no existe razón alguna” para realizar el paro. Que ya atendieron las demandas. Que ya hubo reuniones. Que ya se invirtieron miles de millones. Que muchas organizaciones no se sumaron. Que el diálogo sigue abierto.
Es decir: el gobierno que recortó 51% los fondos a Chihuahua, que tiene al campo sin precios de garantía desde hace dos años, que cobra 30 pesos el litro de diésel y deja las carreteras infestadas de extorsionadores, ese gobierno dice que no hay razones para protestar.
El campo que alimenta a México dice lo contrario. Y hoy lo dice con bloqueos.








