EL CANAL DE PANAMÁ MEXICANO QUE NO JALA. El gobierno de Claudia Sheinbaum lleva meses presumiendo el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec como el gran rival del Canal de Panamá: 1,200 kilómetros de vías ferroviarias, conexión entre el Pacífico y el Atlántico en menos de siete horas, acuerdos con Europa, convenios con Pemex, parques industriales, foto con almirante incluida. El problema es que los números no mienten: el corredor apenas representa el 0.30% de las importaciones por vía marítima. En sus primeros meses operando, el ferrocarril movió 111 mil toneladas de carga agrícola y apenas mil toneladas de carga industrial. El Canal de Panamá mueve 6% del comercio global. No es competencia, es aspiración.
Y eso no es todo. El servicio de pasajeros está suspendido porque el tren se descarriló por sexta vez a finales de 2025. El 97% de sus costos operativos se cubren con recursos públicos, más de 24 mil millones de pesos al año en subsidios para mover a 5 mil pasajeros mensuales. La línea K, el tramo que falta para completar el corredor, sigue en obras con fecha tentativa de junio de 2026. Los puertos van a un ritmo, el tren a otro y los parques industriales a otro distinto.
Sheinbaum prometió que el corredor operaría al 100% a mediados de 2026. Mediados de 2026 está a la vuelta de la esquina. La transformación, como siempre, se atora sola.





