Este fin de semana, Cruz Pérez Cuéllar convocó a más de cien pastores evangélicos y representantes de grupos de fe en Chihuahua capital. Declaró que siempre ha sido “provida y profamilia”. Que MORENA nunca lo ha condicionado. Que respeta profundamente a las comunidades religiosas. Foto, aplauso, cobertura mediática. Otro acto de campaña disfrazado de encuentro espiritual.
El problema con Cruz Pérez Cuéllar y la fe no es que la mencione. Es el patrón que hay detrás.
En 2018, cuando era senador y el voto de La Luz del Mundo valía la pena, Cruz le entregó un reconocimiento oficial a Naasón Joaquín García, líder de esa iglesia, en Ciudad Juárez. Con su nombre. Con su cargo. Con diploma en mano. Un año después, Naasón fue arrestado en California por abuso sexual de menores, tráfico de personas y pornografía infantil. En 2022 fue condenado a 16 años y 8 meses de prisión. Cruz se deslindó sin una sola explicación pública sobre el reconocimiento que él mismo entregó.
Ese es el patrón. No la convicción, sino el cálculo. Cuando un líder religioso tiene votos, Cruz está en el presídium entregando diplomas. Cuando ese líder cae en desgracia, Cruz no recuerda haberlo conocido. Y cuando llegan las elecciones de 2027, Cruz vuelve a llenar auditorios de pastores y a hablar de sus valores familiares.
La fe no es un principio para Cruz Pérez Cuéllar. Es una herramienta electoral. La usa cuando le suma y la guarda cuando le resta. Y este fin de semana la volvió a sacar del cajón.








