Lo que pretendía ser un evento de diversión terminó convertido en un episodio que vuelve a poner bajo la lupa al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.
Durante un rodeo organizado por Cruz Pérez Cuéllar el domingo 9 de agosto, un jinete sufrió un accidente que encendió las alarmas entre los asistentes. Sin embargo, el evento no contaba con una ambulancia disponible para atender al herido.
La situación habría provocado momentos de tensión entre los asistentes, quienes cuestionaron la falta de medidas básicas de seguridad para un espectáculo que implica riesgos para los participantes.
Pero el escándalo no terminó ahí.
Personas que acudieron al rodeo señalaron que, además de la ausencia de ambulancias, tampoco había personal de Protección Civil ni vigilancia suficiente en el lugar.
Es decir, de acuerdo con estos testimonios, un evento en el que participan jinetes, animales y público habría comenzado sin contar con los elementos necesarios para responder ante una emergencia.
Y cuando finalmente ocurrió el accidente, la respuesta habría brillado por su ausencia.
A la polémica se suma otro señalamiento todavía más delicado: el rodeo no contaba con los permisos requeridos por las autoridades, los cuales son necesarios para poder realizarse, demostrando el nulo interés de Cruz Pérez Cuéllar para cumplir con la ley y los reglamentos.
Uno de los señalamientos más fuertes realizados por asistentes es que, al presentarse el accidente y ante la falta de una ambulancia para atender al jinete, Cruz Pérez Cuéllar abandonó el lugar.
El hecho ha generado críticas entre quienes cuestionan que, mientras una persona se encontraba lesionada, el alcalde con licencia decidió retirarse, dejando a su suerte a la persona herida.
Este episodio representa un serio cuestionamiento no solamente a la organización del evento, sino también a la responsabilidad de quienes estuvieron al frente del mismo.
Lo que debía ser una jornada de entretenimiento terminó dejando una serie de preguntas que Cruz Pérez Cuéllar tendrá que responder:
¿El evento tenía todos los permisos?
¿Quién verificó las medidas de seguridad?
¿Dónde estaba la ambulancia?
¿Había personal de Protección Civil?
¿Quién estaba encargado de la vigilancia?
Y, sobre todo, ¿por qué un evento de este tipo habría comenzado sin las condiciones necesarias para atender una emergencia?
El accidente del jinete puso sobre la mesa algo que no puede tomarse a la ligera: la seguridad de los asistentes y participantes debe estar por encima de cualquier evento político, espectáculo o acto de promoción.
Porque si un evento se realizó sin los permisos correspondientes y sin los servicios necesarios para responder ante una emergencia, el problema va mucho más allá de un simple accidente: se trataría de una grave falla en la organización y supervisión.








