La mayoría morenista en el Senado aprobó la iniciativa de Claudia Sheinbaum que fija un tope del 0.70% del presupuesto estatal para los congresos locales y reduce el número máximo de regidores a 15 por municipio en todo el país. Aplica parejo, sin importar si el municipio tiene 5 mil habitantes o 2 millones. Sin considerar territorio, demografía ni necesidades locales. Una sola regla federal para todo México.
El senador panista por Chihuahua, Mario Vázquez, lo dijo exactamente como es: el Plan B vino a “chingar el federalismo”. Y tiene razón. Lo que Sheinbaum presenta como austeridad republicana es en realidad una reforma centralizadora que le quita a los estados y municipios la autonomía de decidir cómo organizar y financiar sus propios poderes legislativos. Chihuahua actualmente destina el 0.69% de su presupuesto al Congreso estatal, prácticamente en el límite que impone la reforma. No hay ahorro real, pero sí hay pérdida de autonomía: desde hoy, es el gobierno federal quien decide cuánto puede gastar el Congreso de Chihuahua.
Y eso es exactamente lo que busca el Plan B: no austeridad, sino control. MORENA no puede ganar la gubernatura de Chihuahua en las urnas todavía, pero sí puede recortar los poderes legislativos de los estados que no gobiernan, imponer reglas uniformes que ignoran las realidades locales y llamarlo “eliminar privilegios”. La transformación no descentraliza el poder. Lo concentra. Y lo hace con mayoría simple en el Senado.








