El discurso de superioridad moral de Morena volvió a estrellarse contra la realidad. El senador Gerardo Fernández Noroña fue obligado por el Instituto Electoral de Michoacán a borrar publicaciones con ataques misóginos contra la alcaldesa Grecia Quiroz, en un golpe directo al discurso de “respeto” que presume el oficialismo.
El órgano electoral no dejó lugar a interpretaciones: le dio un ultimátum de 24 horas para eliminar videos y mensajes considerados violencia política de género, dejando claro que ni el fuero ni el poder político son excusa para atacar desde la comodidad de las redes sociales.
La resolución no solo obliga a borrar el contenido, sino que también prohíbe al senador continuar con cualquier tipo de intimidación, hostigamiento o acoso contra la alcaldesa. Es decir, el propio sistema tuvo que frenar a uno de los personajes más estridentes del oficialismo.
El caso exhibe una contradicción brutal: el partido que presume defender a las mujeres ahora tiene que ser contenido por autoridades electorales por los ataques de uno de sus propios senadores. La narrativa de la transformación vuelve a mostrar grietas… y cada vez son más difíciles de ocultar.
Mientras Morena presume autoridad moral, sus propios cuadros terminan siendo sancionados por violencia política. La pregunta ya no es si son diferentes, sino cuánto se parecen a lo que prometieron combatir.







