La presidenta Claudia Sheinbaum ordenó un cambio radical en el sistema educativo: el examen de admisión al bachillerato desaparecerá y será sustituido por un modelo de ingreso automático con doble certificación.
La medida, presentada como un “derecho universal a la educación”, busca que todos los estudiantes que egresen de secundaria tengan un lugar asegurado en la preparatoria, eliminando el filtro que durante décadas definió el acceso a las escuelas públicas.
El nuevo esquema también contempla la modificación de los planes de estudio y la ampliación de espacios con miles de nuevos lugares para absorber la demanda.
Mientras el gobierno defiende que se trata de terminar con la exclusión de jóvenes rechazados por falta de cupo o puntaje, el anuncio abre el debate sobre el nivel académico, la capacidad real del sistema para recibir a todos los estudiantes y el impacto que tendrá en instituciones de alta demanda.
El cambio no es menor: representa el fin de un modelo de selección que durante años determinó quién sí y quién no podía continuar sus estudios de nivel medio superior.








