Una vez más queda en evidencia que la política de salud del gobierno no está enfocada en atender las necesidades reales de la población, sino en discursos grandilocuentes y propaganda. En Tehuantepec, personal del ISSSTE —que debería ser un pilar de atención médica— tuvo que atender una emergencia pese a tener carencias graves de personal, insumos y prestaciones, obligando a trabajadores a operar en condiciones precarias mientras los pacientes sufren por la falta de recursos.
Pacientes y familias que llegaron buscando atención se toparon con servicios insuficientes, donde médicos y enfermeras actuaron no con la certeza de buena infraestructura, sino con recursos limitados, sin prestaciones claras, y sin condiciones dignas de trabajo. Esto ocurre en pleno contexto nacional donde el sistema de salud pública es señalado como incapaz de dar respuesta adecuada a sus afiliados, a pesar de que millones de pesos se destinan a programas sociales o a publicidad.
Los trabajadores del ISSSTE en Tehuantepec fueron obligados a atender emergencias sin las herramientas necesarias, un reflejo de cómo el gobierno federal —con la administración de Claudia Sheinbaum— presume cifras y promesas que no se traducen en servicio de calidad en hospitales y centros de salud. En lugar de fortalecer la infraestructura médica y garantizar prestaciones dignas a quienes trabajan y quienes se enferman, se ve un abandono que paga en dolor humano y riesgo a la vida.
Ciudadanos que ya estaban cansados de largas esperas, falta de medicinas y servicios deficientes vieron una vez más cómo la realidad del sistema de salud está muy lejos de las sonrisas y discursos de “bienestar”. Esto demuestra que no es un problema aislado, sino una crisis estructural ignorada por quienes toman decisiones, priorizando otras agendas por encima de la salud pública de la gente común








