En medio de los bloqueos carreteros que mantienen en jaque al norte del país, el gobierno federal y voceros oficiales intentaron difundir mentiras para desacreditar a los agricultores, acusándolos de pagarles a otras personas para que participaran en las protestas.
La reacción fue inmediata y explosiva: los propios productores de Chihuahua salieron a desmentir la desinformación, calificándola de absurda y ofensiva. Lejos de pagar a terceros, los agricultores han tomado las carreteras por irritación, abandono gubernamental y falta de respuestas a sus demandas legítimas.
Lejos de ser un acto organizado con “acarreados pagados”, estos bloqueos son una crisis social real, donde miles de familias y productores están hartos de la falta de decisiones, de la inseguridad y de la indiferencia de las autoridades. Pero el gobierno —en vez de atender el reclamo— intenta manchar la protesta con mentiras y campañas de desprestigio.
La táctica queda al descubierto: cuando no se tiene solución, se inventa narrativa. Pero la verdad se impone: nadie está allí por dinero, sino por desesperación. El intento de desinformar no solo agravó la tensión, también encendió el enojo de quienes ya estaban en pie de lucha.








