Mientras aseguran que defienden el medio ambiente, el gobierno y sus cómplices impulsan un megaproyecto que convertirá a Gasoducto Sierra Madre + Proyecto Saguaro Energía en una bomba para la naturaleza: pastizales, manantiales, ecosistemas marinos y la vida de miles de personas en Chihuahua y Sonora quedan en la mira.
La tubería —de unos 800 km de longitud— atravesará seis municipios de Chihuahua y diez de Sonora para llevar gas shale (extraído en EE. UU.) hasta la terminal de licuefacción en Puerto Libertad, Sonora.
Las comunidades ya alertan: si llega ese gasoducto, se pierden pasturas, manantiales, el ganado podría morir, la flora y fauna desaparecen, y pueblos como Mata Ortiz —famosos por su alfarería— podrían quedar contaminados.
Y ni hablar del impacto en el mar: la terminal gasífera afectará al Golfo de California —“el acuario del mundo”— poniendo en riesgo ballenas, delfines, pesca, turismo y todo un ecosistema vital.
A pesar de advertencias de comunidades, ambientalistas y hasta de Naciones Unidas (ONU), las autoridades siguen firme, impulsando un proyecto que demuestra que sus “promesas verdes” solo sirven para disfrazar negocios sucios.








