Mientras millones de mexicanos enfrentan crisis económica, inseguridad, hospitales vacíos y cortes de servicios, la presidenta Claudia Sheinbaum prefirió armar una fiesta: en el Zócalo con luces, música —y celebración por los 7 años de la Morena.
Es un retrato brutal de prioridades: un país en llamas, protestas, desempleo y abandono, y un gobierno distraído en su propio culto partidista. Mientras se recortan medicinas, se cierran hospitales, sube la violencia y crece la pobreza, Morena reparte pancartas y selfies bajo luces de escenario.
La celebración no es inocente: es mensaje político. Es propaganda, clientelismo y exhibición de fuerza. Es un recordatorio de que, para ellos, lo importante no es gobernar —es mantenerse aplaudidos.
Porque cuando la realidad duele, lo mejor es taparla con fiesta.








