Este 2025 se convirtió en un giro inquietante: de pronto, casi todos los jóvenes que acudieron al sorteo del Servicio Militar sacaron “bola blanca” —es decir: serán obligados a marchar y hacer adiestramiento militar, sin importar si quieren.
El cambio no fue casualidad: de una proporción habitual de exentos (bola negra), pasaron a reducirla casi a cero. En muchas localidades, solo 1 % se salvó del llamado.
Y todo ocurre justo después de que miles de jóvenes salieron a las calles con la Generación Z para protestar contra el gobierno. Muchos interpretan este ajuste como un claro mensaje: si te manifestáis, te enlistamos —y si protestas, te obligamos a marchar… para barrer calles, sostener “operativos ciudadanos” o aparentar una normalidad.
No es solo reclutamiento: es un castigo disfrazado de deber cívico. Y en medio de la campaña del Mundial 2026 y supuesta necesidad de “mano de obra y seguridad”, suena muy conveniente para el gobierno. Grito: “obedece, marcha, serví… pero sin cuestionarnos”.
El resultado: una generación Z doblemente presionada —por el narco, por la inseguridad, y ahora por un Estado que parece convertirla en tropa a control remoto.






