La 4T acaba de cruzar una línea que ni sus peores críticos imaginaban: desapareció el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, el único mecanismo que garantizaba tratamientos para pacientes con cáncer, VIH y enfermedades de alto costo.
Según la columna, el gobierno decidió matar el fondo para absorberlo en su “nuevo sistema de salud”, dejando a miles de familias sin certezas, sin recursos y sin medicamentos.
Mientras tanto, la narrativa oficial insiste en que “todo está garantizado”, pero en hospitales la realidad es otra: ni medicinas, ni tratamientos, ni infraestructura.
Especialistas advierten que esta decisión es una sentencia de muerte anticipada para los enfermos más vulnerables. Y el colmo: ni siquiera existe claridad sobre a dónde se fue el dinero, ni cómo será reemplazado ese apoyo vital.
Una vez más, el gobierno pide “confianza”, mientras desmantela lo que funcionaba y deja a miles de mexicanos desprotegidos, pero presume sus programas estrella y proyectos políticos.








