El campo mexicano estalló. Campesinos de TODO el país anunciaron un cierre nacional de carreteras y aduanas el 24 de noviembre, cansados del abandono del gobierno y hartos de la Ley de Aguas que amenaza con dejarles sin sustento.
No es un brote aislado: es una revuelta nacional. Desde Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Durango, hasta Zacatecas, Jalisco, Michoacán, pasando por Morelos, Puebla, Veracruz, Oaxaca y Chiapas. Norte, Bajío, Centro y Sur. El país entero se está levantando.
Los productores advirtieron que bloquearán autopistas, puentes internacionales y puntos estratégicos del comercio nacional para obligar al gobierno federal a escucharlos. Con el campo quebrado, sin apoyos, sin agua y con decisiones hechas desde un escritorio en la Ciudad de México, la paciencia se agotó.
El gobierno minimiza, pero la realidad es que esta será una de las movilizaciones más grandes de los últimos años. Una demostración de fuerza que desnuda el profundo enojo contra las políticas de Morena y su Ley de Aguas que pone en riesgo la vida de miles de familias agrícolas.
México se prepara para un paro que puede detener al país… porque cuando el campo protesta, TIEMBLA el gobierno.








