La violencia política en México sigue matando, y los gobiernos siguen mirando hacia otro lado. Esta vez, la víctima fue Guadalupe Urban Ceballos —regidora del municipio de San Juan Cacahuatepec en Oaxaca—, quien fue asesinada a balazos cuando salía de su domicilio y se dirigía a un evento oficial. La Jornada
Lo más grave: este crimen sucede justo después del magnicidio de Carlos Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, en Michoacán, y pone en evidencia que ni la federación, ni los estados —en este caso Oaxaca— han podido garantizar la vida de quienes sirven al pueblo.
Mientras tanto, el discurso oficial repite “más seguridad”, “procuración de justicia”, “combate al crimen organizado”… y la respuesta real es el silencio, la impunidad y la desaparición de voces políticas. En el fondo, la pregunta retumba: ¿qué tan segura está la democracia cuando las autoridades propias son verdugos de la institucionalidad?








