Tenía que ser “casualidad”.
El dinero público destinado a la rehabilitación de la Línea Z del Tren Interoceánico terminó en manos de un empresario cercano a Andrés Manuel López Obrador, justo en el tramo donde ocurrió la tragedia que dejó 14 personas muertas.
Millones de pesos fueron asignados para “corregir fallas” en la vía férrea, pero las obras no evitaron el descarrilamiento mortal. Hoy, mientras las familias lloran a sus muertos, salen a la luz los contratos, los nombres y las viejas relaciones de poder.
El patrón se repite: amigos del poder, contratos millonarios y cero consecuencias, incluso cuando el costo es la vida de mexicanos. La rehabilitación falló, la supervisión falló… pero los pagos sí se hicieron.
Una tragedia anunciada, financiada con dinero público y rodeada de tráfico de influencias








