Pese a los riesgos evidentes, advertencias técnicas y tragedias recientes, el gobierno federal decidió no detener las operaciones del Tren Interoceánico, una de las obras emblemáticas del partido Morena.
La decisión ha encendido las alarmas entre expertos y trabajadores, quienes advierten que la soberbia política está pesando más que la seguridad humana.
Mientras se acumulan fallas, accidentes y denuncias, las autoridades insisten en mantener el proyecto en marcha, minimizando los peligros y apostando a que nada más ocurra.
Especialistas alertan que continuar sin una revisión profunda es una receta para más tragedias, pero el gobierno parece más preocupado por defender el discurso que por prevenir muertes.
Hoy, el Tren Interoceánico se convierte en símbolo de una política donde la negligencia se normaliza y donde el costo podría pagarse con vidas humanas








