En un hecho que ha conmocionado a México y expuesto las fallas de megaproyectos del gobierno, el descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, que hasta ahora ha dejado 13 muertos y decenas de heridos, fue recibido por la presidenta Claudia Sheinbaum con “migajas” como respuesta: un apoyo inmediato de apenas 30 mil pesos por víctima y visitas a hospitales en lugar de soluciones reales ante la tragedia.
A casi 48 horas del accidente, en el que 98 pasajeros resultaron lesionados tras el desplome de vagones en un tramo peligroso de Oaxaca —mientras el proyecto sigue en marcha sin una explicación clara de seguridad—, la reacción gubernamental ha sido criticada como insuficiente y tardía. Mientras la gente sufre pérdidas humanas y gastos médicos crecientes, el gobierno ofrece un bono de 30 mil pesos que para muchas familias ni siquiera cubre los gastos básicos derivados del accidente, mostrando una vez más el trato superficial del Ejecutivo ante una crisis de esta magnitud.
La presidenta visitó a algunos de los heridos en hospitales de Oaxaca y reiteró que su administración se encargará de los gastos funerarios y la dispersión de recursos a través de la Comisión de Víctimas de la Secretaría de Gobernación, pero sus declaraciones han sido percibidas como más propaganda que responsabilidad real.
Críticos señalan que en eventos de esta gravedad, el gobierno está más ocupado en minimizar la tragedia y repartir cantidades simbólicas que en enfrentar de forma contundente la incompetencia o negligencia que pudo haber provocado el accidente, dejando a las víctimas y sus familias con exigencias de verdad, justicia y apoyo integral.








