Mientras México enfrenta problemas estructurales urgentes —economía débil, inseguridad desbordada, desempleo persistente y crisis social— un número considerable de senadores no ha presentado una sola iniciativa de ley significativa en más de un año, a pesar de percibir salarios, prestaciones y privilegios enormes pagados con dinero público.
De los 128 integrantes del Senado de la República, al menos 24 legisladores no llevan ninguna propuesta a pesar de que su función principal es legislar, representar y solucionar los problemas de la ciudadanía. Entre ellos, una gran proporción pertenece a Morena o sus aliados, lo que ha generado críticas por la falta de productividad en un Poder Legislativo que debería estar activo y resolutivo, no inactivo y contemplativo.
La ciudadanía ya está harta de políticos que cobran miles de pesos al mes, con pensiones y privilegios, sin generar leyes que impulsen soluciones reales. La percepción —y la evidencia— es clara: muchos senadores viven de su cargo, pero no trabajan para el pueblo. Cobra el sueldo, pero no presenta acciones ni proyectos que beneficien a México.
Mientras tanto, desde el mismo Senado se escuchan discursos grandilocuentes, pero cuando se trata de proponer soluciones, muchos preferen el silencio o la inacción. Para críticos y votantes desencantados, esto no es simplemente falta de iniciativa: es indiferencia y falta de compromiso con la nación, especialmente en quienes dicen representar un movimiento que prometió cambio profundo.








