Primero lo defendió con toda la convicción del mundo, calificándolo como una respuesta eficaz al desabasto médico… pero cuando la verdad salió a la luz y quedó en evidencia el cinismo de sus palabras, la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que dar marcha atrás y retractarse de sus declaraciones sobre los polémicos “carritos de Farmacias del Bienestar”, presentados como solución a la crisis sanitaria.
Lo que en un inicio fue vendido como una “estrategia humanitaria para llevar medicinas a la gente” terminó exhibiéndose como una respuesta insuficiente, improvisada y —sobre todo— incapaz de resolver el problema real del desabasto. Cuando la población, médicos y medios señalaron el absurdo funcional de esos carritos, el discurso oficial cambió de tono: ya no eran la solución milagrosa, sino apenas una “alternativa complementaria”.
Este cambio no es casualidad, sino el reflejo del cinismo político que domina la narrativa oficial: primero, proclamar a los cuatro vientos que se tiene la solución; después, cuando la evidencia muestra lo contrario, retroceder y buscar excusas. Para muchos, este episodio simboliza lo que ha sido la gestión de Sheinbaum en salud: te hace creer que hay solución… hasta que te demuestra que no la hay








