El Congreso de la Ciudad de México se convirtió en un auténtico ring de pelea, donde legisladoras protagonizaron jaloneos, gritos y hasta agresiones físicas, exhibiendo el nivel de degradación política que vive el país bajo el discurso de la “transformación”.
Lo que debía ser un espacio de debate y construcción de leyes terminó en una campal vergonzosa, con empujones y jalones de cabello frente a todos, mientras los ciudadanos observan cómo sus representantes pierden el control en lugar de resolver los problemas reales de la capital.
La escena no solo evidencia la falta de profesionalismo, sino también la normalización de la violencia dentro de las instituciones, las mismas que el gobierno presume como ejemplo de civilidad y democracia.
Mientras la inseguridad, la crisis económica y la falta de servicios golpean a millones, en el Congreso capitalino se pelean como si fuera un mercado, confirmando que el poder se ha convertido en un espectáculo lamentable.








