El chaleco de discurso del gobierno vuelve a rasgarse: Ricardo Monreal Ávila, coordinador de los diputados de Morena, anunció que la llamada “Ley de Aguas”, impulsada por Claudia Sheinbaum, será modificada antes de aprobarse, en un intento de atajar el rechazo que ya generó entre campesinos, productores y usuarios urbanos.
“Aquí no habrá sino una reflexión profunda, nada de que no se modifica una sola coma”, afirmó Monreal.
Lo que parecía una iniciativa lista para tramitarse, ahora se convierte en un maquillaje legislativo: ajustes cosméticos para calmar el descontento, sin que cambie el fondo que muchos califican como atentado contra el derecho al agua y privilegio para algunos concesionarios.
Mientras tanto, las audiencias recibieron más de 460 intervenciones de especialistas que alertaban sobre la privatización encubierta del agua, sin que aún se escuche una disculpa oficial o un cambio de rumbo real.
La ley que se vende como “bienestar para zonas urbanas, industrias y el campo”, ahora se reconoce que será modificada… para poder seguir adelante con lo mismo disfrazado. Y así el ciclo de promesa-ruptura sigue intacto








