Mientras el país pide cuentas al gobierno, los diputados se mofan del deber: la actual legislatura acumula más de mil justificantes y permisos para evitar sanciones por ausencias. Los que ganan millones siguen ausentes de sus bancas, respaldados por un manto de impunidad.
La plata entra puntualmente, el trabajo… brilla por su ausencia. Se reparten permisos como caramelos mientras el presupuesto se aprueba a la carrera y la 4T asegura que “todos trabajan”. Una cámara llena de curules… vacías. Una “representación” que solo aparece en la nómina.
Y lo peor: el cinismo de que mientras hablan de responsabilidad y servicio público, ellos practican lo contrario. En la democracia, el mayor fraude es el representante que brilla por no estar.








