La jefa de la 4T, Claudia Sheinbaum, lo dijo sin tapujos: “Hay **tanta aprobación que somos invencibles””, expresó tras las protestas en la Ciudad de México. (omnia.com.mx)
El problema es que mientras presume invencibilidad, las calles y plazas se le llenan de vallas, gases lacrimógenos y símbolos de represión. Mientras habla de victoria, el pueblo mira con cansancio. Mientras dice que todo marcha bien, los jóvenes marchan contra ella y los maestros la enfrentan.
Ese cinismo tiene nombre: proclamar impermeabilidad al descontento cuando todos ven lo contrario. Blanquearse en encuestas y a la vez blindar el centro de poder. Prometer transformación y aplicar control.
Y lo peor: el discurso de invencibilidad suena más a escudo reactivo que a convicción. Porque cuando un gobierno se siente invencible, se vuelve invulnerable a la crisis… hasta que ya no lo es.








