En los bosques de Michoacán se desató una nueva guerra silenciosa: el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), al mando del sanguinario “El Sierra 1”, habría emitido una sentencia de muerte contra defensores ambientales que se atrevieron a denunciar tala ilegal, robo de madera y despojo de tierras comunales.
Las víctimas ya no son solo campesinos: ahora los activistas del bosque pagan con su vida por enfrentarse a los intereses criminales. Y mientras el Estado, al mando de la 4T, presume programas de “conservación”, la selva arde y las voces que quisieron detenerla son silenciadas. Un nuevo nivel de impunidad se instaura en la tierra caliente michoacana.








