La ira popular estalló en Uruapan: más de 10 000 ciudadanos (unos 60 000 según fuentes locales) marcharon por las calles para exigir justicia y paz tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo. infobae
Entre comerciantes, estudiantes, transportistas y maestros, el clamor fue unánime: “Ya basta de promesas vacías, queremos hechos”, denunciaban los manifestantes. Mientras, en blanco y sombrero puesto, marchaban exigiendo que el gobierno federal y el estatal de Michoacán actúen de una vez, no solo proclamas.
Pero la escena era también de vergüenza institucional: el crimen organizado mata, las fuerzas del Estado permanecen paralizadas, y la respuesta oficial sigue siendo tardía y tibia. La protesta evidencia que el pacto social está roto: el pueblo ya no cree en discursos, exige resultados inmediatos.








