Al cierre del primer bimestre de 2026, la deuda pública neta de México llegó a 18.7 billones de pesos, equivalente al 49.8% del PIB. Dividida entre todos los mexicanos, eso es más de 150 mil pesos por persona. Por cada hombre, mujer y niño en el país. Sin haberlo votado, sin haberlo firmado, sin saberlo.
Y no es un problema nuevo. México lleva 18 años consecutivos gastando más de lo que ingresa. Dieciocho años de desbalances fiscales, administración tras administración, partido tras partido. Pero el ritmo se acelera: durante el primer año del gobierno de Sheinbaum, solo el pago de intereses de esa deuda costó 103 mil 509 millones de pesos. Eso es 3 mil 339 millones de pesos cada día. Solo en intereses. Sin pagar un solo peso del capital.
Para Chihuahua y Juárez el impacto es directo. Cuando el gobierno federal se queda sin margen fiscal, lo primero que recorta es la inversión en infraestructura de los estados que no son prioritarios políticamente. Carreteras postergadas. Hospitales sin terminar. Drenaje pendiente. El analista de Norte Digital lo describe con precisión: en la frontera norte, la deuda federal “se siente antes, se siente más y se siente con nombre y apellido.”
La transformación heredó deuda, acumuló más deuda, y le cobra los intereses a todos los mexicanos por igual. 3 mil 339 millones al día. Todos los días.








