En un giro digno de la política mexicana, el senador Gerardo Fernández Noroña decidió renunciar al Comité Editorial del Senado… porque básicamente no había ni para imprimir una hoja.
Sí, así como suena: el encargado de publicar libros en el Senado se quedó sin presupuesto ni para un volante, lo que convierte al comité en algo así como una oficina fantasma con título elegante pero sin dinero ni función real.
El propio senador lo resumió sin rodeos: no recibió “ni un centavo”, por lo que continuar en el cargo era prácticamente inútil, ya que no había recursos ni para cumplir con lo más básico.
La ironía no pasó desapercibida: un gobierno que presume austeridad terminó llevando al extremo el recorte… al grado de dejar sin presupuesto a su propio comité editorial.
Y así, entre discursos, libros que nunca se imprimieron y cargos que existen “nomás en el papel”, queda la pregunta: ¿era un comité editorial… o solo decoración burocrática?






