El gobierno federal, ese que tanto presume de combatir la corrupción, tiene un escándalo cocinándose dentro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL): maestros que nunca cobraron un peso aparecieron en nómina como si sí lo hubieran hecho, con sus datos fiscales usados sin permiso y sus firmas falsificadas en documentos oficiales.
Un muralista y docente se enteró por su contadora de que el SAT le exigía cuentas por un salario que el INBAL dijo haberle pagado durante todo 2024. El problema: nunca vio ese dinero. ¿A dónde fue? Buena pregunta. Presentó denuncia ante la FGR por fraude, falsificación de documentos, suplantación de identidad y posible desvío de recursos públicos.
No fue el único. Una docente descubrió que el INBAL la había registrado como empleada desde enero de 2024, meses antes de que ella siquiera firmara contrato. Su firma apareció en documentos que nunca firmó. Alguien, desde adentro, estaba jugando con nóminas y con los datos personales de trabajadores.
Lo más sabroso: la denuncia apunta a que el fraude “posiblemente proviene desde la administración de Alejandra Frausto”, la exsecretaria de Cultura que presumía de ser la gran defensora del arte en México. Arte para qué, si ni a los maestros de arte les pagaban lo que les correspondía.








