Mientras PEMEX arrastra una deuda multimillonaria y miles de proveedores reclaman pagos atrasados, en Tabasco —cuna política de Andrés Manuel López Obrador)— una fiesta de XV años se convirtió en el símbolo de lo que críticos ya llaman la nueva élite petrolera del poder.
El evento, organizado por el empresario Juan Carlos Guerrero Rojas) para celebrar a su hija, habría costado más de 50 millones de pesos y se celebró durante dos días en Villahermosa con una producción digna de un festival internacional.
Videos que circulan en redes muestran escenarios monumentales, invitados VIP y presentaciones de artistas de talla internacional como J Balvin) y Belinda), lo que convirtió el festejo en uno de los XV años más extravagantes que se recuerden en México.
Pero detrás del glamour comenzaron a aparecer preguntas incómodas.
Guerrero Rojas no es un empresario cualquiera. Diversas investigaciones señalan que sus empresas han obtenido contratos millonarios con Pemex por más de 3 mil 800 millones de pesos, varios de ellos durante los últimos años.
Entre las compañías relacionadas con el empresario destaca Petroservicios Integrales de México, firma que ha recibido adjudicaciones para trabajos petroleros en campos del sureste del país.
La polémica creció aún más cuando se supo que el padrino de la quinceañera habría sido Marcos Torres Fuentes), funcionario de Pemex Exploración y Producción, lo que encendió las sospechas sobre la cercanía entre el contratista y la estructura de poder dentro de la petrolera del Estado.
Además, reportes periodísticos señalan vínculos empresariales con Héctor Peralta Grappin, exalcalde de Comalcalco) y exdiputado federal, figura política del mismo estado que vio nacer al proyecto de Morena.
El contraste no pasó desapercibido.
Mientras el discurso oficial insiste en la “austeridad republicana”, el espectáculo de lujo en Tabasco dejó una imagen difícil de ignorar: empresarios ligados a contratos públicos celebrando con un nivel de opulencia que pocos en México podrían imaginar.
La fiesta de “Mafer”, que comenzó como un evento privado, terminó convertida en un escándalo nacional que pone bajo la lupa la relación entre contratistas petroleros y el poder político.
Porque más allá de los reflectores, los conciertos y el lujo desbordado, la pregunta que circula hoy en redes y círculos políticos es inevitable:
¿Quién está financiando realmente la nueva élite petrolera del país?








