Mientras en México los hospitales operan sin insumos, las universidades sobreviven con presupuestos recortados y las familias buscan a sus desaparecidos con recursos propios, los gobiernos estatales y municipales tiraron la casa por la ventana para el Grito de Independencia.
Millones de pesos en artistas, escenarios, luces y espectáculos… pero migajas para la salud, la educación y la crisis humanitaria más dolorosa del país.
La austeridad solo aplica para los ciudadanos, porque para la fiesta sí hay dinero.
El mensaje es brutal: hay presupuesto para el show político, pero no para salvar vidas ni para encontrar a los desaparecidos.
México convertido en escenario… mientras la realidad se cae a pedazos.








