Mientras México se desangra bajo una crisis de violencia que escala sin freno —con narcobloqueos, balaceras, ejecuciones y una percepción generalizada de ingobernabilidad— la presidenta Claudia Sheinbaum decidió dirigir su mirada lejos de las calles del país… ¡y pedirle a Estados Unidos que detenga el envío de armas ilegales!
Sí: en medio de un país donde la gente vive con miedo, donde cada día hay videos de violencia y donde los cárteles parecen tener más control del territorio que el propio Estado, la mandataria se lanza con discursos diplomáticos, casi como si estuviera redactando una columna de opinión en lugar de enfrentar la inseguridad doméstica.
El mensaje hacia Washington fue claro: “¡por favor, dejen de mandarme armas que no se pueden rastrear!”… Pero la pregunta que millones de ciudadanos se hacen es otra: si el problema es la entrada de armas, entonces ¿qué está haciendo el gobierno para detener la violencia aquí y ahora?
Porque mientras la presidenta pide ayuda internacional, en las calles de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y otras entidades el narco sigue marcando el paso con fuego, muerte y terror. El discurso de solicitar cooperación suena bien en cadena nacional, pero fuera de las cámaras la crisis continúa, y la gente vive con la sensación de que nadie está resolviendo el problema real: dejar de morir.








