Mientras México arde entre bloqueos, incendios y ataques del crimen organizado, la presidenta Claudia Sheinbaum asegura que “no hay ningún riesgo” para los turistas que visitarán el país durante el Mundial 2026. Una declaración que contrasta brutalmente con la realidad que viven millones de mexicanos todos los días.
La mandataria afirmó que existen “todas las garantías” de seguridad, pese a que en los últimos días el país ha sido sacudido por una ola de violencia tras el abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, lo que provocó bloqueos carreteros, incendios de comercios y ataques armados en diversas regiones.
El problema no es solo la violencia, sino el discurso oficial que parece ignorarla. Mientras el gobierno insiste en proyectar una imagen de control ante el mundo por el Mundial, ciudadanos enfrentan carreteras cerradas, ciudades paralizadas y una creciente sensación de inseguridad.
Guadalajara, una de las sedes mundialistas, ha sido epicentro reciente de la violencia, obligando al despliegue de militares para intentar contener la situación. Aun así, el gobierno insiste en que todo se “normalizará”, como si el caos fuera temporal y no un síntoma de un problema estructural que lleva años creciendo.
La pregunta es inevitable: si el gobierno no puede garantizar seguridad plena para sus propios ciudadanos, ¿cómo puede prometerla a millones de turistas extranjeros? La narrativa oficial habla de paz, pero la realidad muestra un país donde el crimen organizado sigue demostrando su capacidad para desafiar al Estado








