En Tapalpa y sus alrededores, tras el operativo donde cayó el líder criminal “El Mencho”, la realidad que viven cientos de familias es otra muy distinta a los discursos oficiales que hablan de calma y “paciencia”. Las carreteras siguen bloqueadas, con autos incendiados y rutas cerradas, haciendo imposible que la gente siquiera salga de su propio municipio para ir a la tienda, al trabajo o al centro de salud.
Mientras la presidenta y el gabinete de seguridad llaman a mantener la tranquilidad, los hechos concretos muestran que la vida cotidiana está paralizada: no hay transporte, no hay paso por las carreteras, y el miedo domina la movilidad.
El alcalde de Tapalpa, lejos de minimizar la situación, tuvo que pedir formalmente a los habitantes que se resguarden en sus casas, porque el escenario continúa siendo de riesgo constante.
Entonces, surge la pregunta brutal: ¿cómo se pide paciencia y calma cuando no puedes ir a comprar alimentos, recoger a tus hijos o salir a la calle sin temor de encontrarte bloqueos, fuego o violencia armada? La respuesta parece evidente para quienes viven el día a día del país: el discurso oficial está desconectado de la realidad que azota a la población.
La nación no necesita más mensajes tranquilizadores: necesita seguridad real. Y lo que se ve en Tapalpa es un recordatorio de que en muchas partes del país el narco dicta el ritmo de la vida, y los ciudadanos simplemente tratan de sobrevivir.








