Imágenes impactantes difundidas por activistas muestran columnas del Tren Maya reventadas y cuarteadas, dejando caer concreto y residuos en acuíferos subterráneos y exhibiendo lo que varios expertos califican como daño estructural grave que no tiene remedio y eleva el riesgo de un colapso inminente de la infraestructura.
Los reportes documentan que las bases de acero y concreto instaladas sobre suelos kársticos de Quintana Roo se están fracturando, sin que el gobierno ni Fonatur —responsable de la obra— hayan emitido una respuesta oficial ni acciones correctivas efectivas. Activistas advierten que estas fallas también están contaminando acuíferos y poniendo en peligro la calidad del agua que consumen las comunidades locales.
Expertos en geología han alertado desde hace años que construir sobre suelos porosos sin juntas protectoras ni refuerzos adecuados era un error técnico grave, aun así las obras siguieron sin un refuerzo adecuado, y ahora las columnas empiezan a fallar bajo su propio peso.
El daño no solo es estructural, sino también ecológico: los residuos de construcción se filtran hacia cuerpos de agua subterráneos, afectando la flora y fauna, mientras que el riesgo de colapso se cierne sobre zonas densamente pobladas alrededor del trazo del tren.
A pesar de las advertencias de científicos y activistas, las autoridades a cargo del Tren Maya mantienen silencio y no han suspendido ni revisado la obra de forma contundente, lo que evidencia una vez más que la obra emblemática del gobierno está avanzando sin la supervisión técnica necesaria ni responsabilidad ambiental.








